Tan listos como para saber que somos idiotas.

Siempre he tenido la sospecha de que yo no soy Dios. Y, es más, creo que tú tampoco lo eres, por tanto, juntos, no llegaríamos a serlo, que solo seríamos dos tipos que no son Dios. Pero es que aunque fuéramos siete mil millones de personas, creo que tampoco seríamos Dios. No lo seriamos, podríamos construir cosas guays y desarrollar ciencias chachi-pistachi, pero no seriamos Dios. Y yo, como no soy Dios, tengo la certeza de que más de una vez me he equivocado. Pero, ¿se dan cuenta siete mil millones de personas si dicen todas a la vez que son Dios?

Poder darte cuenta de cuando cometemos un error es un súper-poder, de hecho, es raro que yo me dé cuenta de que hago algo mal, pero para eso tenemos siempre a los demás que, muy amablemente, se preocupan de hacernos conscientes del error con mayor o menor alevosía. Y es que solemos pensar que no nos estamos equivocando y atribuimos invencibilidad epistemológica a ciertas personas. Todos tenemos dispensadores de verdad, gente fiable, como padres, amigos, artistas, filósofos, líderes y partidos políticos, iconos mundiales, leyendas fabricantes de citas célebres, religiosos, la sociedad y, sobre todo, sobre todo, nosotros mismos. Si mi cantante favorito dice que la piratería es comparable al nazismo, será que hay que planteárselo, y cuando la idea ya está en la cabeza, ¿ya para qué más?. Pero esa idea ¿no podría ser una soberana estupidez tan tranquilamente? Si Platón dice que los griegos son una raza superior a los persas (que lo dice) ¿hay que creérselo tan tranquilamente? Y si todos mis compatriotas afirman que la solución a la crisis pasa por exterminar a los que tengan ojos azules ¿puedo decirles que sí tan tranquilamente?

No debes, pobres nórdicos. Pero es que todo el mundo es capaz de llegar a esa clase de conclusiones con la influencia de la gente que antes he nombrado, los demagogos. La demagogia es la hermana fea de la democracia, a nadie le cae bien pero si viene Democracia tiene que traerse a Demagogia. Demagogia siempre se pone a gritar y siempre quiere llevar la razón, pero suele hacer razonamientos muy básicos, que no tienen en cuenta todo el contexto, sino solo su punto de vista. Y cuando Demagogia logra convencer a un grupo grande de población, la opinión de la mayoría traga a las de los individuos como un tiburón a una sardina, cometiendo injusticias sin que a nadie le importe. Y si una minoría protestara, la mayoría la mandaría callar argumentando "Calla, porque nosotros somos más". Lo que la mayoría no entiende muchas veces es que solo son muchas más personas individuales, que no son mejores que otras por estar de acuerdo con más gente. Por ejemplo:



Diez chicos vuelven del instituto y en un punto pueden elegir ir por el camino A o por el camino B. El camino A resulta beneficioso para uno de los diez chicos y el camino B para los otros nueve ¿Con qué frecuencia debería coger cada camino?

1. Siempre el B.
2. Nueve días el B y un día el A.
3. Un día el B y otro día el A.

La respuesta elegida será la primera, por inercia, aunque los más democráticos apoyan la segunda. Pero la respuesta de los justos es la tercera, porque tener a más gente que vaya por un camino no te da derecho a exigir más poder. Los cansancios de los nueve chicos del camino B no son superiores a los del chico del A, no pueden fusionarse. De igual manera, en el supuesto de que mis compatriotas hubieran dicho que hay que exterminar a los de ojos azules y alguien dijera "no", las inteligencias de mis compatriotas no se fusionarían, seguirían siendo personas individuales (equivocadas) sin más derecho a acertar que una sola.

Pero en el caso de los chicos del instituto, alguien empezaría a decir que ir por el camino A es de fascistas, es típico y aburrido o que el camino B nos representa a todos, al pueblo humilde y sabio. Y el resto de chicos, con el incentivo de que el camino B les conviene, no pondrían mucho remilgo en escucharle. Pero están tan tranquilamente equivocados.

Las claves para encontrar al demagogo son sencillas. Grita cuando no se le escucha, no saca conclusiones, pero usa palabras bonitas, no tiene en cuenta otros puntos de vista, incluye nuestros intereses y debilidades en sus argumentos, convence, se hace pasar por alguien cualquiera y tiene siempre un puñado frases clásicas: "el problema son los de siempre", "soy el cambio", "soy el pueblo", "ya estamos cansados"... Es posible que te hayas percatado de que tú o yo o todo el mundo es demagogo de vez en cuando. Pero es que ¿quién no quiere estar siempre en el lado de la razón?



La demagogia está en aquello que convence al corazón sin convencer a la cabeza. La cura contra esta es, como siempre, la educación y la búsqueda de todos los puntos de vista posibles que nos hacen conscientes de todo un suceso. Porque para bien y para mal siempre hay un tonto llevando la contraria al que podría ser útil escuchar. Por mucha gente que opine como tú, tienes que ser lo suficientemente listo como para darte cuenta de que podrías ser idiota. Alguien podría decir que ningún político vale para nada y que todos son una panda de hijos de... pero el que dice que los políticos llegan a un fin a pesar de los medios tiene otra opinión que no hay que dejar de escuchar, y el que dice que los hay buenos pero son oprimidos es otra idea a tener en cuenta, aunque lo que más nos gusta podría ser quedarnos con el primero.

El bienestar de todos debe ser la máxima prioridad siempre, pero no significa esto que todos o casi todos sepan siempre como llegar a él porque sí, y nadie excepto nosotros mismos puede salvarnos de nuestra estupidez, porque a más de uno le gustaría que nos quedáramos en nuestra estupidez.

"La propaganda no engaña a la gente, sino que simplemente les ayuda a engañarse a sí mismos" Eric Hoffer

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