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El ejército del aburrimiento

Mucho tiempo había fantaseado Martín Rionegro con ideas vanas. Saltaban a su mente imágenes cruzadas de sus amigos, de su profesor; se cruzaban con pensamientos bobos, disfrazados o peleándose entre ellos y las ideas saltaban fuera con un soplo de humor de Martín. El joven estudiante caminaba los senderos de la distracción en medio de una clase de Lengua Castellana. El rumor monótono de la voz académica mecía su cerebro con gentileza y le invitaba a recrear imposibles, gastar el tiempo en naderías. Pensaba en cosas que nunca más le volverían a parecer interesantes:
- ¿El señorito Rionegro nos acompaña hoy o solo de cuerpo presente? - preguntó don Carlos, machacando su coletilla para los alumnos en babia.
- Perdón. Si me he enterao. Que 'hay un péndulo del neoclásico al romanticismo y al realismo otra vez' - repetía mecánicamente, sin entender una palabra, lo último que su cerebro registró.
- Muy bien. Ahora me explica, nos explica, las diferencias entre el neoclásico y el real…

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