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Fe en la tierra del veneno (Parte II)

Fe apareció en la decimoquinta planta sola, se acercó al suicida y la mirada que esté le devolvió le hizo saber que nunca tendría seguro su triunfo; casi había olvidado la vida asegurada. Yo mismo le dije que no valía la pena subir por alguien así. "Un suicida - me dijo ella - es solo alguien a quien se le ha amontonado la tristeza que cotidianamente solemos distribuirnos mejor los demás. Salvar a este hombre es salvar a muchos de nosotros". Su diálogo con él empezó de frente, predecible:

- No lo hagas - sentenció ella -. Si dudas es porque no quieres hacerlo.
- Quiero hacerlo, solo estoy contemplando mi vida antes de morirme.

Quince ventanas más abajo, en el suelo, unos pocos nos habíamos congregado, deseando que Fe convenciera al insensato. No se distinguía apenas nada, solo podíamos esperar a que ambos desapareciesen de la cornisa. Arriba, la mujer del planeta sin dolor comenzaba a poner en práctica lo aprendido.

- ¿Por qué querrías morir?
- Necesito descansar. Necesito t…

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